Un día para el Señor…
El domingo 22 de octubre conmemoramos el día mundial de la Oración Marianista. Por tal motivo, desde el Centro de Formación “María, Madre del Buen Consejo” se organizó una Jornada especial con jóvenes de los distintos caseríos donde la Misión Católica está presente.
El día comenzó muy temprano con una caminata desde nuestra casa hasta el Tupuyo, lugar cercano a Otuzco; donde se está sembrado Tara. Unos veinte jóvenes se congregaron en una peregrinación que unió oración con cantos de alabanza, esfuerzo con alegría, fe y comunión espiritual.
Una vez que llegamos a nuestro destino, rápidamente nos organizamos. Primero, para tener todos juntos un momento de oración donde presentábamos al Señor nuestro día y nos uníamos a la Familia Marianista que en todo el planeta levantaba su corazón y plegarias hacia el Padre. Y luego, para ponernos en acción y disfrutar de la popular gymkhana; donde los juegos fueron por equipos y al aire libre.
Cuatro equipos se divirtieron y compitieron con lealtad, disciplina y amistad por más de dos horas y media. El aporte de cada joven participante fue esencial en este sentido, pues sin la buena predisposición y el entusiasmo que aportaban a cada momento, no hubieran podido desarrollarse tantos juegos.
Varias fueron las competencias a desarrollar en donde frecuentemente se exponían la solidaridad y participación de todos los integrantes de cada grupo: carreras, encostalados, tres pies, las ollitas; sacar limones en una tina con agua; tirar la soga; el gusano; el rey manda; el volcán, son sólo algunos ejemplos.
Luego de que las competencias terminaron, se repartieron los premios (para todos igual) y rápidamente todos nos congregamos en el lugar indicado para la oración final.
La oración se vivió con el entusiasmo propio de lo vivido durante el día, pero también con el silencio necesario que predispone a los corazones al contacto íntimo con el Señor. Duró poco más de media hora. Lo más fuerte de este momento fue el testimonio de cada joven que, movidos por el Espíritu, daban cuenta del paso de Cristo en sus vidas y lo que caminar con Él significa.
Nuestra Jornada culminó con un almuerzo abundante y exquisito que renovó nuestras energías para el regreso a casa.
Queremos agradecer a cada uno de las y los jóvenes que estuvieron en el encuentro y, de un modo particular, a nuestros anfitriones en el Tupuyo, la Familia Minchola Castañeda que con tanta generosidad y dedicación nos cuidó, atendió y alimentó.
Y un GRACIAS mayúsculo a Dios, por Él y para Él es nuestro trabajo; y a Él debemos el éxito y la alegría de sabernos unidos por la oración, en la gran familia Marianista.
Gabriel Vasco